OFICIO: “EL CARTERO”


Dentro de la dinámica que lleva a término el Grupo Filatélico y del Coleccionismo de Palma, de dar a conocer el mundo de los sellos y de todas sus actividades en la barriada y en los colegios de al lado, surgió la oportunidad de que un grupo de chicos y chicas de tercero de infantil del Colegio Jesús María de Palma pudieran visitar el Grupo.

  Esta vez no había ninguna exposición, los chicos y chicas venían al grupo para saber que es un cartero, que funciones realiza, como va uniformado, donde guarda las cartas, que es un matasello...

 

   Todo empezó el pasado viernes, cerca de las 9:30 de la mañana, dos grupos de chicos y chicas, vinieron al Grupo Filatélico a aprender el oficio de Cartero. Primero entraron un grupo de 25 chicos con su profesora, Margarita. Al cabo de unos 45 minutos, entraron el segundo grupo con otra profesora, Victoria. Andreu Carles, Presidente del Grupo, y Juan Gabriel, vocal de Juventud de la FESOFI (Federación Balear de Sociedades Filatélicas), les explicaron que las cartas podían circular por avión, por barco... les enseñamos unas cuantas fotografías que estaban expuestas en el Grupo, de hidroaviones que cayeron al mar, o bien, cayeron en tierra. Los chicos no salían de su sorpresa. No se pensaban que una Institución como es Correos, funcionara tantos y tantos años.

   Después, se explicó la funcionalidad del sello, para que servían y porque no se podían reutilizar. A cada chico/ca, se le puso una gorra de Correos en la cabeza, se les explicó a cada uno de ellos como tenían que matar un sello, i finalmente, cada uno de ellos mató su propia carta. Cuando acabaron de matarlo, lo pusieron dentro de un saco de Correos para repartirlos posteriormente.

   Los chicos se lo estaban pasando muy bien, se divertían, reían, y lo que es más importante, aprenden mientras juegan. Ya, cuando pensábamos que todo había acabado, por la puerta principal del Grupo Filatélico, entró un cartero. Sí, un cartero, de los de ahora. Llevaba puesto el uniforme amarillo y su cesta para llevar las cartas. Fue una casualidad muy oportuna y agradable. Parecía que estaba todo previsto, todo sí, menos que entrara un cartero por la puerta. Los chicos lo miraban como si fuera un animal extraño, todos sus ojos estaban puestos en el uniforme del cartero, desde los zapatos hasta la chaqueta.

   Al día siguiente, el Grupo Filatélico y del Coleccionismo regaló a cada chico un obsequio por la visita, se trataba de una carta con una fotografía

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